|
Encuentros Diarios
Diciembre 30, 2024
Nunca olvides quién es Él
Y se decÃan el uno a otro: "Santo,
santo, santo es el Señor de los ejércitos;
toda la tierra está llena de su gloria".1
Las celebraciones navideñas están a punto de terminar, y pronto (si aún
no lo hemos hecho) comenzaremos a guardar las decoraciones que adornan
alegremente nuestros hogares durante las fiestas. Entre esas decoraciones se
encuentra probablemente el nacimiento de cerámica que se envuelve y empaqueta
cuidadosamente y se vuelve a sacar año tras año. El pesebre es imprescindible
entre los adornos porque, bueno, es el motivo de la temporada, ¡el nacimiento
de nuestro Señor y Salvador, Jesús! Esta es la imagen de Jesús que estamos
acostumbrados a ver: un bebé, en un establo abarrotado, rodeado de MarÃa, José,
los reyes magos y los pastores con sus ovejas, todos mirando hacia el Rey
recién nacido. Pero lo que no está representado en esta dulce escena es la paz
que llenó toda la tierra esa noche. No podemos ver a las huestes de ángeles
llenando los cielos con adoración y proclamando ¡Gloria a Dios en las alturas!
Olvidamos que a Quien verdaderamente estamos celebrando es al Rey de reyes, el
Señor de toda la creación, quien dejó Su trono en el Cielo para venir a la
tierra como un hombre humilde y traernos la Salvación por medio de Su cruel
muerte en una cruz. Detrás de ese dulce pesebre está el Dios del Universo que
dio vida a los planetas y colgó las estrellas una por una; que colocó la vida
en la Tierra y luego colocó cuidadosamente a la Tierra en el lugar perfecto de
la galaxia; que llenó los cielos y los océanos de criaturas que alabarÃan su
nombre con solo respirar. ¡Ese es el Dios que celebramos!
Asà que, a medida que las fiestas llegan a su fin, regocÃjate en el
hecho de que nuestro Dios reina en gloria todos los dÃas, no solo en las frÃas
noches de invierno, ¡sino durante todo el año! Nunca olvides quién es ÉL.
Oración sugerida: Querido Señor, eres digno de mucho más que mi alabanza
solamente, pero hoy clamo "¡SANTO!" Estoy asombrado por la inmensidad
de tu gloria y me siento humilde de que me hayas elegido para ser tu hijo y por
abrirme un camino para acercarme a ti con mi adoración. Te amo, Señor Jesús.
¡Gracias! Amén.
1.
IsaÃas 6:3 (NVI).
El Encuentro de hoy fue escrito por: Verónica B.
|
|